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La interpretación del escándalo

A partir de la presentación de Graciela Brodsky hacia el X ENAPOL, “Un amor más digno”, retomaré lo que ella señala respecto a lo nuevo en el amor. En la “Nota italiana” Lacan plantea: “…intentar, a partir de ellos [los AE], que de todos modos han dado sus pruebas en el saber, agrandar los recursos gracias a los cuales llegaríamos a prescindir de esa molesta relación [la relación sexual que no hay], para hacer que el amor sea más digno que la abundancia de parloteo, que constituye hoy día…”.[1]

¿Qué es un nuevo amor para mí, uno más digno? Haré un breve recorte a partir de lo que obtuve en mi experiencia como analizante con relación al amor y a la pareja.

Que el Otro me quiera, me demande, me necesite marcó desde siempre mi lazo con mis pares, mis padres y parejas. Me quejaba en el análisis que mi pareja me quería para él todo el tiempo, que yo necesitaba estar sola también. Mis mil quinientos mí.

Fue recién en mi último análisis que esta posición fue tocada en torno al partenaire. Con bastante frecuencia me quejaba de que él me necesitaba, su trabajo requería que viajase mucho, yo no estaba para eso, mucho trabajo, mi revista, mis pacientes, mi Escuela, mis “mil y un mis” estaban por sobre todas las cosas a pesar de sus insistencias para que lo acompañara. “Es que él me necesita”, para animarlo, despertarlo, hacer lazo.

De a poco el analista con un tono liviano, como quien no quiere la cosa, como ingenuamente, me decía: “¿Y por qué no acompañarlo a veces? No le veo el problema, él quiere que usted vaya. Vaya”.

¡Machista! Pensaba yo, como todos los hombres. Y llegó la interpretación del escándalo: “La mueve el trabajo más que el amor”. Esa intervención me indignó, me enfureció, literalmente quería matar a mi analista. ¿Cómo se atreve a semejante ofensa? Y frente a mi enojo su intervención fue: “Es el trabajo para que el Otro la ame”.

Un nuevo amor

La demanda y el amor van de la mano. Yo nada de demanda. ¿Entonces, el amor? Si el amor tiene cara de mujer había una inversión en las posiciones de esta pareja.

A propósito de la receta del amor enunciada por mi abuela, “Vos lo tenés que querer pero él te tiene que querer mucho más de lo que vos lo querés a él”, Marie-Hélène Brousse comentó que ese es más bien un pensamiento estratégico, hacerse amar como consecuencia de amar menos. Pero que a su vez tiene la contrapartida que implica una perdida. Se refirió a la cita de Lacan del Seminario 8, La transferencia, cuando dice que el amor es una metáfora, son posiciones que se reversan[2] y la frase de la abuela implica que no haya ese rodeo. Implica finalmente una cierta soledad de objeto. Un sentimiento de quedar en posición de adorada sin poder adorar.

En mis testimonios he ubicado lo que no cambia, el sinthome de siempre, el goce imposible de negativizar, lo que no puedo parar de, lo que resta, “el no todo tiene solución del sueño homosexual”.

Ubicaré ahora aquello que el análisis permitió, lo nuevo, lo inaugural, lo que concierne al amor.

El final del análisis posibilitó un nuevo amor, un nuevo lazo al amor, produjo un verdadero encuentro con el hombre de mi vida. El hombre es el mismo, lo que cambió fue la posibilidad de la reversión. La amada estuvo siempre, trabajé para eso. Sabía qué botón apretar para hacerme amar, pero ese botón no fue pulsado sin un gran sudor para sostener la frase de la abuela de la neurosis infantil. En mi fantasma de reparar al Otro, de animarlo, vivificarlo, despertarlo, está en juego la demanda del Otro permanente.

El final del análisis terminó de construir la metáfora del amor despertando la amante sin dejar de deleitarme por las delicias del ser amada.

Un amor más digno, digno viene del latín dignus que quiere decir merecer. En mi caso, un amor más digno implicó eso que merece ser nombrado amor y fue posible recién al final de la experiencia, cuando el goce aislado en el fantasma pudo condescender al amor.

El trabajo obtenido tocó artesanalmente esa posición asegurada del amor del otro. Al despertar el amor del sujeto permitió amar al Otro en su goce, dando lugar a lo femenino en mí.

Gabriela Grinbaum
Buenos Aires, EOL-AMP


[1] Lacan, J., “Nota italiana”, Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, p. 331.

[2] Lacan, J. El seminario, libro 8, La transferencia, Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 51.