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El asunto del amor está articulado a la cuestión del signo. En el texto de Rimbaud, al que se refiere Lacan en el Seminario 20, el amor es signo, escandido como tal, y por ello el poeta se dirige a esa razón. El amor entonces, en tanto signo, es siempre la presencia encarnada de alguien. Pero en una de sus últimas definiciones Lacan nos dirá que “el amor es vacío”.

En el Seminario 24 Lacan equipara el amor a un tipo particular de escritura, no se trata de la prosa, ni del ensayo, se trata de la poesía[1]. Allí se referirá a la diferencia entre la palabra plena y la palabra vacía. La palabra es plena porque es plena de sentido y esto se debe a que porta un doble sentido. En cambio, la palabra vacía solo tiene significación. La poesía es pura significación porque es puro nudo de una palabra con otra.

Lacan se pregunta ¿Cómo el poeta puede realizar la hazaña de hacer que un sentido esté ausente? Y responde: reemplazando a este sentido ausente por la significación. La significación es un término vacío. Es lo que define la poesía de Dante y es que ella sea amorosa.

Lacan había tomado ya la relación de Dante con Beatriz para hablar del amor cortés[2]. Beatriz Portinari se convierte tempranamente en su dama ideal, en su sueño de amor. Un amor imposible y sublime para él. Escribe Dante: “es la aparición del amor, de ese tirano dulce que domina el corazón de aquel que es poseído por él”.

Sin embargo, Dante se casará con otra. Ya estaba prometido a la hija de un hombre acomodado. Nunca podrá olvidarla y escribirá la obra, La vita nuova, dedicada a los desencuentros que sufrirán a partir de entonces. Allí elogia su belleza y bondad y detalla la intensidad de sus sentimientos, de su amor inalcanzable.

En el Seminario 21, Lacan retoma la cuestión y nos dice que el amor es el amor cortés, que existe por lo imposible del vínculo sexual con el objeto. Es necesaria esa raíz de imposible. Al mismo tiempo, se sostiene, se soporta, en la palabra. Esto le da existencia al amor pero también lo convierte en vacío[3].

El amor cortés exalta el puro–amor que no se deja contaminar por el goce, soporta el vacío y evidencia, lo imposible de la relación sexual y además requiere de la distancia del objeto para que no se produzca el encuentro con lo real del Otro sexo.

La hazaña del poeta es para Lacan, entonces, no solo producir equívoco con el sentido, al modo de la antigua interpretación, sino “eliminar un sentido”, eliminar uno de dos sentidos y “reemplazar este sentido ausente, por una significación”. Por eso, la interpretación borromea podría ser equiparable a la hazaña del poeta. Consistirá en “eliminar un sentido y reemplazarlo por una significación, que remite al agujero en lo real: “la significación es una palabra vacía”[4].

Esta idea de vacío asociada al amor, nos aproxima al afecto de resonancia que conjuga las palabras, el cuerpo y el agujero necesario para que ellas lo hagan vibrar.

 

Mariana Gómez (EOL – Sección Córdoba)

 


 

[1]  Lacan, J., “Hacia un significante nuevo”, Revista Lacaniana de psicoanálisis N°25, Buenos Aires, Grama, 2019.

[2] Lacan, J., (1959-1960), El Seminario, Libro 7, La ética del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2007.

[3] Lacan, J. (1973-1974), Seminario 21, Les noms du pere. Inédito.

[4] Miller, J.-A. El ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2013, pág. 177.