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La práctica psicoanalítica me impulsa a visitar otros momentos que conciernen al estatus del amor en la enseñanza de Lacan. En la apertura promovida por ENAPOL, soy convocado a investigar, en el ejercicio de la experiencia analítica, la función del amor en las nuevas modalidades sintomáticas. Bajo estas condiciones, en la posición existencial del Uno, ¿qué hay de nuevo en el amor?

Es notorio que Lacan siempre nos ha recordado las consecuencias del encuentro con este Uno como Hay-Uno. Él prescinde del Uno como fusión, no somos más que uno[1], para autorizarse a manejar el “Uno de un otro modo[2], es decir, el Uno que no promueva relación alguna. Se encuentra solo. La práctica ahí supone una no-relación.

Lo que quiero decir con esto es que el juicio de existencia se distingue del juicio atributivo, en la medida que es pura existencia del Uno, sin prejuzgar lo que es el Uno. El Uno es y es todo. Ese Uno permanece como existente. En esta frase lacaniana: “lo que solo existe no siendo[3] se trata de la primacía del Uno, el goce primario que “viene en primer plano, el goce del cuerpo que llamamos el cuerpo propio y que es el cuerpo del Uno.”[4]

Así, una nueva brújula atraviesa el movimiento de la última enseñanza de Lacan, cuando Miller investiga las condiciones de emergencia del Uno solo. Esta nueva perspectiva analítica hace que la indicación sobre este Yad’lun sea crucial. El síntoma, nutrido por estas condiciones, se hace valer, él-mismo, como respuesta existencial del Uno.

Esto da lugar a preguntas: ¿Qué hay de nuevo en el amor cuando nos encontramos con el síntoma? ¿Cómo hacer un nuevo uso del S1 acentuando algo nuevo en el amor inherente al funcionamiento del síntoma?

Me parece que para responder a estas preguntas, es fundamental abordar un nuevo uso del amor. En este uso inédito, hay un declive del amor como sujeto supuesto saber. De allí, un declive de la transferencia amorosa y, por lo tanto, una caída del inconsciente-saber. Si antes Lacan hacía valer el amor como inconsciente-saber, ahora no más. En su última enseñanza, orientados por la lectura de Miller, caímos en una nueva promoción del amor que surge en el Seminario, libro 20: Aún. Aquí, Lacan rompe con el ser, indicando el amor como suplencia a la relación sexual. Y esto es fundamental para pensar en los lazos que se establecen entre los Uno-solo, creado por Miller, en la realización del síntoma. Hay-uno nuevo en el amor y, con él, “el amor es lo que puede hacer mediación entre los unos solos[5]. De mi parte, se trata de decir que este lazo amoroso entre los unos en el funcionamiento del síntoma hace valer el uso lógico del síntoma; en este punto de orientación, surge uno nuevo en el lazo entre los restos del síntoma.

Alberto Murta (EBP/AMP)

Traducción: Tainã Rocha
Revisión: Silvina Rojas


[1] Lacan, J. (1972-73). Seminario, Libro 20: Aún. Buenos Aires: Paidós, p. 60.

[2] Lacan, J. (1972-73). Seminario, Libro 20: Aún. Buenos Aires: Paidós, p. 60.

[3] Lacan, (1971-72/2012). Seminario, Libro 19:… o peor. Buenos Aires: Paidós, p. 133.

[4] Miller, J.-A. (2011). El ser, es el deseo. In: El ser y el uno. Lección de 11 de mayo de 2011. Inédito.

[5] Miller, J.-A. Una fantasía. Conferencia en el IV Congreso Mundial de la AMP, 2004. Comandatuba, Bahía, Brasil. http://2012.congresoamp.com/es/template.php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en-Comandatuba.html.