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Entrevista con la Doctora Victoria Musachi, abogada en San Pablo, especialista en derecho de familia.

A lo largo de los años las familias sufrieron varias transformaciones, por ejemplo, en relación a los derechos de la mujer, que antes vivía única y exclusivamente para procrear y cuidar de los hijos. Y así como las familias cambiaron, los núcleos familiares también sufrieron alteraciones en su estructura y composición.

Antiguamente, la familia tenía características exclusivamente patrimoniales y actualmente la familia es vista como un fenómeno sociológico que tiene como base para su formación la afectividad y la asistencia mutua. ¡Entonces, podemos decir que los núcleos familiares pasaron a valorar un factor imprescindible para su formación, que son el amor y el afecto!

Guillermo Borda, un civilista argentino, llamó a esa nueva situación de estado de familia, que se resume en la posición que una persona ocupa dentro de un núcleo familiar, que tiene como base la cooperación, respeto, cuidado, amistad, cariño, afinidad, atención recíproca entre todos sus miembros.

La sociedad dejó de asumir la familia como una institución reproductiva y productiva, pasando a priorizar la familia socioafectiva, que es una organización formada por los lazos de afectividad, con la función de garantizar la felicidad y la realización personal de sus miembros.

Aunque el Derecho sea muy atrasado respecto a las legislaciones, se entiende que las nuevas formaciones familiares no pueden dejar de ser reconocidas y generar los efectos jurídicos que se derivan de la institución llamada familia.

Por eso, tenemos hoy lo que llamamos el pluralismo de entidades familiares, donde podemos encontrar la familia tradicional, la unión estable, la familia homoafectiva, la familia monoparental, la familia pluriparental, la familia poliafectiva y tantas otras.

Entonces, podemos decir que la complejidad de la vida moderna, aliada a la velocidad de las informaciones, transformaron el concepto de núcleo familiar, incluso en el ámbito jurídico, no considerando más la familia como aquella definida simplemente con la unión de la pareja cisgénero, heterosexual y sus hijos, habiendo sido agregadas nuevas facetas y dando origen a lo que hoy llamamos la familia contemporánea.

En la medida en que los modelos tradicionales no responden satisfactoriamente más al individuo, está abriéndose un espacio para que cada quien quiera elegir su forma de vivir, yendo del encuentro al mito del amor romántico que es basado en una idealización del otro. Hoy los anhelos contemporáneos son en búsqueda de la individualidad, asunto que se refleja directamente en las nuevas formas de familia.

Para el Derecho de Familia el trípode siempre fue sexo, reproducción y casamiento, sin embargo, hoy sabemos que el sexo no es necesario más para la reproducción y el casamiento no es más el legitimador de las relaciones sexuales. Como el mundo jurídico siempre fue hecho por dogmas y basado en una moral sexual religiosa, ese avance social de las nuevas formas de amor familiar aún es un tabú.

Por lo tanto, para que el Derecho pueda evolucionar es preciso hablar cada vez más de la evolución de las familias sin involucrar a la moral sexual religiosa y, para hablar de la evolución de las familias, es imprescindible deconstruir el pensamiento del binarismo, de las relaciones hombre/mujer, masculino/femenino, macho/hembra, para que otras formas de identidades de género y sexuales puedan ser reconocidas y aceptadas todas las formas de amor y de formaciones familiares.

El binarismo es una construcción sociocultural que piensa las identidades sexuales y de género como fijas e inalteradas pero, así como las familias, el género aparece como una secuencia de actos y gestos performáticos dentro de una sociedad, que se modifica a lo largo del tiempo. Y aunque el concepto de familia contemporánea aún está muy vinculado al binarismo hetero y homoafectivo, tenemos cada vez más un crecimiento del llamado poliamor, de las relaciones poliamorosas, que tienden a ser fluidas, flexibles y en constante cambio, y que rompen el mito del amor romántico, monogámico y heteronormativo.