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  • Por Miguel López

Primera pregunta: la invitación es a conversar el tema de los lazos en tu cine, más allá de la impronta sociológica y política presente en tus películas. En “Los Dueños” tenemos a la protagonista interpretada por Rosario Bléfari, un papel muy interesante de una mujer que a partir de una serie de conflictos con su pareja después termina con una atracción muy fuerte por uno de los peones de la hacienda casi a modo erotómano y con una mezcla de poder, esta cuestión de cruces de clases sociales… ¿pensás que es algo nuevo que comenzamos a ver, como lo trabajaron en la película, es algo nuevo en el cine nacional e internacional?

AT: es atractiva la categoría de lo nuevo. Yo nunca había pensado cuánta novedad aportaba respecto a ese lazo, pero sí detectábamos en la dramaturgia algo atractivo en poner a una mujer que en general en las películas es el objeto del deseo de un protagonista masculino que tiene ese impulso de avanzar mucho y es el juego clásico del coqueteo de ese tipo. Entonces nosotros dijimos vamos con el contrario, a buscar la incomodidad; ella tiene más poder económico que él, ella es la jefa y él es el empleado, y después todo se irá tergiversando. Todo esto aportaba para nosotros la categoría de un potencial dramático, de modo que no lo elegimos por la sensación de novedoso sino porque estábamos convencidos que era incómodo. Buscamos que los personajes lleven las cosas pensadas originalmente en el plano de lo improbable, al terreno de lo probable. Y es lo que nosotros perseguíamos, generar esta incomodidad. Entonces no lo vivíamos como novedoso, sino como potente, poniéndole más leña al fuego, buscando no intelectualizarlo. Es decir, no es un documental sobre cómo los patrones de estancia abusan de sus empleados, es decir, no es realista sino una ironía en modo de comedia dramática.

Segunda pregunta: en tu película “El Motoarrebatador” hay otra modalidad de vínculo, una pareja donde el tipo está ante conductas delictivas en forma permanente, y una mujer que a diferencia de lo que se suele presentar en cines o series, la mujer que suele acompañar al malhechor en sus andanzas, acá dice hasta aquí llego yo e incluso comienza a pensar en otra cosa. ¿Podemos pensar algo de lo nuevo en tanto aquí ya no está la durabilidad garantizada, sino que si algo no funciona comienza otra historia? El personaje de Antonella, pareja de Miguel.

AT: es interesante la pregunta, igual aquí como en “Los Dueños” yo no lo puse como algo novedoso sino que lo intuí, que para este personaje el piso esté siempre caliente. Pero siempre pensé alrededor de Antonella en esas chicas que quieren que su hijo tenga un padre, que sepan que lo tiene, pero que ella no se va a comer nada más de ese tipo. Ella lo quiere como padre pero nada más; hoy te abro la puerta, pero si mañana no, es no. Aquí no busco aportar una  novedad, sino ver de qué modo más jugo le voy a sacar al drama. Apretar la naranja, y apretar más la naranja. No pensamos a Antonella como la típica “mujer del hampa” que en otras películas siempre está comiendo de los frutos del hampón o del matón; aquí a Miguel le hemos sacado esos privilegios, nadie valora el dinero que consigue de ese modo, y él lo comienza a notar, y algo ya se está quebrando en él.

Me interesa mostrar en mis películas vínculos donde las cartas ya estaban dadas, relaciones que ya estaban terminadas, como resacas de fiestas que ya habían sucedido y no comenzando, a diferencia de aquellos cines más románticos que el mío, evidentemente, donde se le pone mucha épica a la conquista y a que la gente se conozca. Aquí es al revés, la épica es la desvinculación entre dos que no se estaban llevando muy bien, y las nuevas fuentes de placer que están experimentando. Son como vínculos más rotos, y las próximas películas que estoy escribiendo también se trata de esto.