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El aún del amor de transferencia subvierte el empuje a insertar la práctica analítica en la serie de obsolescencias que produce el culto de lo nuevo. Podemos preguntarnos si dicho culto no está exacerbado en tiempos de pandemia como defensa frente a la muerte. Miller nos advertía en forma poética, en El síntoma charlatán, que el goce de lo nuevo es el vestido para la muerte, en tanto el mismo es Unheimlich. Brújula que nos permite separarnos de ese culto a lo nuevo, que haría del analista y del psicoanálisis mismo un objeto que lleva la marca de su desaparición “Es la presencia en cada uno de algo viejo, antiguo, obsoleto, que sigue activo, vigente, operativo, más poderoso que lo nuevo”,[1] y ese punto de anclaje es el discurso analítico con sus principios y el supuesto saber maniobrar de cada analista para orientarse por lo real sin ley de nuestra época.

Si bien el discurso de la ciencia depende del SsS y se sirve del mismo como un medio del poder para capturar el ser del sujeto, requiere de la lógica de un saber todo, sin agujeros, que opera con el soporte de los protocolos, de las estadísticas y de las clasificaciones. A diferencia de ello, en psicoanálisis el Sujeto supuesto Saber sitúa la transferencia como la consecuencia del discurso analítico y, por tanto, no hay dominio alguno por parte del analista, porque se trata de un saber solo supuesto, velado por el amor de transferencia que opera con la condición de un saber que no se sabe: el del inconsciente del sujeto.

Marie-Hélène Brousse puntúa esa diferencia del SsS entre discursos: “Solamente el dispositivo analítico pone al analista en la obligación de renunciar al poder que le da la transferencia para operar. Es lo que permite que se devele. Un análisis produce, por ese hecho, consecuencias éticas y políticas en el sujeto”.[2] Entre esas consecuencias está una fundamental, y es que el parlêtre está colocado, para el discurso analítico, en una dimensión ética que hace un arco entre la implicación y la responsabilidad del comienzo y el saber sobre el goce y las formas de arreglo del sinthome en el fin de análisis.

Unir al horizonte de la formación analítica la subjetividad de la época[3] supone investigar sobre los impases, las posibilidades y los límites de la práctica en esta contingencia. Sin duda hay un cambio en las modalidades del amor y del saber. ¿Cómo responder a ello desde un saber que no se tiene, que cause el deseo de hacer existir el psicoanálisis sin dejar caer en la obsolescencia sus principios, entre los cuales la transferencia ocupa su justo lugar, aún?

María Cristina Giraldo (NEL Medellín – AMP)


[1] Miller, J.-A., El síntoma charlatán, Paidós, Barcelona, 1998, p. 19.

[2] Brousse, M.-H., La transferencia develada, Red Psicoanalítica de Atención.

Disponible: https://redpsicoanalitica.org/2020/11/24/la-transferencia-develada/?fbclid=IwAR0D5AzITawmFwlTUluZ4VyvVJERe3dNJFNEoem_qfXgRCxKC28ot3QWCl8

[3] Cfr. Lacan, J., “Función y campo de la palabra”, Escritos 1, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 309.