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Mario Elkin Ramírez

El confinamiento debido a la pandemia, ya con un año de duración, hizo que varios analizantes que venían desde hace varios años en formación, pudieran continuar sus sesiones por video-llamadas. Esto significa que, en la mayoría de esos casos, la transferencia se sostuvo por ese medio. Y a pesar de la no presencia en el consultorio, pudo seguirse haciendo las escansiones de las sesiones, las intervenciones analíticas sobre tópicos precisos y las interpretaciones.

Al levantarse el confinamiento muchos meses después, algunos optaron por volver al consultorio, pero otros, por vivir en otras ciudades o por miedo al contagio en el transporte público, prefirieron mantenerse en sus casas desde donde realizan tele-trabajo y continuaron con las sesiones por video-llamadas, donde hay imagen y sonido, mirada y voz, además de la asociación libre. Todos encontraron que la manera de pago por “transferencia de cuentas bancarias” era cómodo y posible. El objeto dinero desapareció en su materialidad fáctica, para volverse una transacción virtual, sin embargo, el objeto anal no está ausente, sigue habiendo un manejo singular del dinero: cada tantas sesiones, o semanas, algunos se retrasan y otros pagan anticipado.

Algún analizante, de los que acabo de referir, dice que este año que ha sido especialmente difícil por razones ajenas a la pandemia, ha encontrado en el análisis un importante sostén para su vida, más allá de haber podido manejar el miedo al contagio o a la muerte de sus padres y los sueños de angustia del comienzo del confinamiento, piensa que sustancialmente no se han modificado las condiciones en el análisis, pues le es parecido hablar conmigo por teléfono o por video-llamada, a cuando hablaba desde el diván sin mirarme, dice que es la voz la que le ha dado soporte a su proceso. Y que, al contrario, las sesiones por estas vías, le han hecho caer en cuenta de los ceremoniales en que había convertido la visita al analista; ceremoniales de los que luego pudo hablar.

Otra analizante, del mismo grupo dice, en cambio, que no ve la hora de volver al consultorio, porque por las video-llamadas, si bien reconoce que ha sido un esfuerzo de mi parte para continuar el proceso, no lo siente igual, ya que la mirada desde el teléfono, no le permite elaborar o soltarse en asociación libre, no es lo mismo y a veces se le ocurre algo es después de la sesión, que escribe en el WhatsApp, más para no olvidarlo que para esperar una devolución. A veces siente que no es su analista el que llama sino otro, pero que si fuera una llamada telefónica no lo sentiría como una sesión de análisis. Extraña el ritual de ir al consultorio, disponer de ese tiempo del viaje, del café del frente y la intimidad de poder hablar sin que su familia esté rondando por el espacio donde recibe la video-llamada.

Otro asunto sucedió con otros analizantes que no aceptaron las video-llamadas, por no tener condiciones adecuadas para poder hablar desde sus casas o desde su trabajo, por no contar con la intimidad requerida para hablar sin la interferencia de las personas con quienes conviven, o sin la certeza de no ser escuchados por un tercero.

Algunos pudieron asistir a dichas sesiones desde su auto, o definitivamente esperaron hasta que pudiera recibirlos de nuevo en el consultorio. En esos casos, hubo que esperar para cumplir con el principio de que la sesión analítica solo hubiera dos, el analista y el analizante sin ningún tercero controlador.

Las personas que viven en otras ciudades y se desplazaban un fin de semana, para tener sesiones con intervalos breves, encontraron una ventaja en las sesiones por video-llamada, pues eso les ahorraba el viaje y los gastos de estadía en esta ciudad. Allí la transferencia se intensificó, por la frecuencia aumentada y la mayor regularidad.

Las demandas de tratamiento se aumentaron, sobre todo de personas de otras ciudades donde no había oferta psicoanalítica. Encontrando un analista en las plataformas WEB. Por ser esas demandas enteramente virtuales, además de las dificultades señaladas, fue extraño recibir pedidos de análisis de personas en otros países, de los que sólo algunos muy pocos hoy continúan, por tener un proyecto de retorno al país en corto plazo.