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Freud advierte la paradoja que presenta el amor de transferencia al ser al mismo tiempo el motor de la cura y a la vez su más difícil escollo.

La transferencia se genera como suplencia cuando el sujeto al toparse con su real, demanda atención. Cada demanda a nuestra área empieza con la búsqueda de la causa partiendo de una posición de no saber. En este “no sé” ya está implícito un elemento supletorio: la suposición de saber. A quién recibe la demanda, le ubican como suplente de alguien que porta el saber.

Lo real insiste[1] de modo singular en la época y eso abona las demandas. El amor de transferencia hoy es una suplencia no tan rara en los medios sociales; lo hemos comprobado: en un mundo en pandemia las demandas se multiplican. Además, la época trae lo “nuevo”, una “plasticidad” excesiva de representaciones sociales del lazo transferencial. Hoy el sujeto se satisface con muy poca cosa; está ávido de suplencias transferenciales. Se le pueden ofrecer pociones de cualquier cosa que él fácilmente se traga[2], (puede ser de conceptos de psicoanálisis, como de muchas otras prácticas: la medicina cuántica, los ángeles, las constelaciones familiares, las medicaciones, etc.).

Byung-Chul Han nombra “La agonía del Eros”[3] en la actualidad. Tal vez no es cierto. Pero sí hay que reconocer que el eros transferencial existe hoy bajo nuevas condiciones: hay una relación distinta del sujeto con el saber del inconsciente, hay nuevas condiciones de la transferencia”[4]. Esa transferencia hoy puede ser una “trasferencia líquida”, llena de errancias, y/o “erotómana”; puede ser habitada por el “odio-enamoramiento”; ser objetalizada en el autismo; puede hacerse “síntoma” y “sufrimiento”; debe soportar el narcisismo cínico de hoy que exige “un poco más de satisfacción”; hacerse un modesto lugar en aquellos síntomas que no hablan; suplir borroméicamente la estructura psicótica; esquivar la demanda de con ella gobernar el síntoma o, ser el último reducto para algunas “soledades” contemporáneas.

El asunto está en saber orientar la demanda para no hacer con ella una “sugestión grosera”[5]. El analista se sabe solo testaferro de la función Sujeto Supuesto Saber; significación de saber que sustituye al saber del yo. Saber maniobrar con esa suposición de saber exige reconocer la especificidad determinada con la que el sujeto se anuda en la transferencia, para usarla, dosificarla, contradecirla, conmoverla. Además, hoy la maniobra incluye un saber hacer cuando se está inscrito en un discurso de códigos y estándares que rigen las prácticas clínicas en la prestación de servicios; y debe saber hacer con lo nuevo de las tecnologías y las redes sociales.

Lo que no puede ignorarse en cualquier momento transferencial es que el deseo del analista encubre un más allá de esa suplencia: se hace partenaire al síntoma; es el soporte para la aproximación a lo que hace “throu-matisme”; lleva hasta esa otra orilla donde dicho amor ya no es necesario porque se ha agarrado “su esencia”[6]. La suplencia transferencial se potencia con la interpretación, no de saber, sino con aquella interpretación que equivoca, que hace corte, que perturba, que produce perplejidad, y que provoca un despertar. El inconsciente se produce porque el deseo del analista es una suplencia que lo hace existir. La transferencia exige al deseo del analista, resituar la une bévue[7] que separa al Hay de lo Uno, de aquello que representa al Otro.

Nuestro desafío hoy es por la puesta a cielo abierto de esa suplencia que es la transferencia, como barca necesaria que trasporta la condición del ser hablante de goce, de una orilla a otra.

José Fernando Velásquez Valencia (NEL – AMP)


[1] Lacan, J. “La tercera”. En Intervenciones y textos 2, Manantial, Bs. As., 1988.

[2] Lacan, J. “La equivocación del Sujeto Supuesto Saber”, En Otros escritos. Bs. As., Paidós, 2012. Pág. 349.

[3] “El neoliberalismo, con sus desinhibidos impulsos del yo y del rendimiento, es un orden social que tiende a desaparecer el Eros. No solo el exceso de oferta de otros, conduce a la crisis del amor, sino también a la erosión del otro que tiene lugar en todos los ámbitos de la vida y va unida a un excesivo narcisismo de la propia mismidad. La sociedad del consumo aspira a eliminar la alteridad”. Byung-Chul Han, La agonía del Eros. Barcelona, Ed. Herder.

[4] Bassols, M. Las condiciones de la transferencia.

[5] Lacan, J. «La dirección de la cura y los principios de su poder» en Escritos 2, Siglo XXI, Bs. As. Argentina, 1987. Pág. 571.

[6] (la una equivocación) Lacan, J. “La equivocación del sujeto supuesto saber”. En Momentos cruciales de la práctica analítica, Manantial, 1992, p. 11. “Lo que el psicoanalista de hoy le ahorra al psicoanalizante es, precisamente, lo que antes dijimos: no es lo que le concierne, que está dispuesto a tragarse de inmediato, pues le dan las formas, las formas de la poción… Abrirá gentilmente su piquito de besito, lo abrirá no lo abrirá. No, lo que el psicoanalista encubre, porque con ello se cubre, es que algo pueda decirse sin que ningún sujeto lo sepa”.

[7] Miller, Jacques-Alain. El ultimísimo Lacan, Bs. As., Paidós, 2014Op. cit. p. 142.